miércoles, 20 de abril de 2011

Un nuevo amanecer (parte 5)

Dentro de la caja aún quedaba algo, así que saqué una hoja blanca que estaba un poco maltratada, estaba dividida en cuatro la hoja, así que en el primer desdoble vi el nombre de Seth Clearwater.
-Jake-dije parándome y enseñándole la carta.
Rápidamente Jacob tomó la carta, la desdobló y la empezó a leer caminando de un lado a otro:
-Jake y Nessie quiero avisarles que también estoy en Río de Janeiro y que los he encontrado gracias a un amigo de Edward, les he mandado la pulsera de Bella para que comprueben que no es una trampa.
‘‘Los espero mañana a mediodía en el Castillo de las Brujas, lleven consigo sus cosas y cuiden que nadie los siga.
A Jacob le apareció una sonrisa que hacía mucho tiempo no veía; por mi parte no podía hablar ya que había quedado atónita y demasiado sorprendida por la noticia: ¡Había sobrevivientes! O al menos ahora sólo uno, pero lo había, y eso era lo más importante ¿No?
Empecé a correr a mi velocidad sobrehumana y guardé el equipaje mientras una vez más mi mejor amigo se quedaba atónito y caminando de un lado para otro, hablando en voz muy baja diciendo ideas incompletas como:
‘Los chupasangres podrían…’ ‘¿Y si es una…?’ ‘¿De verdad es Seth quién…?’
Yo sólo lo escuchaba y continuaba alzando nuestras cosas  y sí, Jacob podía tener razón, tal vez era una trampa, pero teníamos que la pulsera de mamá, con el corazón de cristal que mi papá le había regalado y con él lobito que Billy enseñó a tallar a su hijo y aunque fuera una trampa, tal vez nos llevaría a Italia, con los Vulturis y mi familia, pero no había ni duda ni miedo dentro de mí, tal vez tenía seis años de nacimiento, pero mi conocimiento era mucho mayor, mucho muy grande, lo suficiente como para hacerle saber al mundo en que se había convertido la realeza vampírica, lo suficiente como para dejar en vergüenza a Aro, Cayo y Marco, no se iban a ir limpios de esta batalla, porque si mi familia había muerto, el sacrificio valdría la pena, no dejaría que unos vampiros con aires de superioridad me tuvieran asustada y menos cuando ellos no hacían más que esconderse en Volterra.

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